jueves, 19 de abril de 2012


La vida loca
Las maras y pandillas son agrupaciones juveniles relativamente estables, caracterizadas por uso de espacios públicos urbanos, generadoras de patrones identitarios, articuladoras de la economía y la vida cotidiana de sus miembros, y que sin ninguna pretensión de institucionalidad despliegan un contra-poder sustentado en una violencia inicialmente desordenada.
La distribución de poder dentro de estas, determinar el grado de aspectos simbólicos y culturales, los jóvenes declaran satisfacer en la pandilla necesidades personales que dejaron descubiertas sus familias como el reconocimiento y la autonomía; la falta de atención, apoyo y bienestar en sus familias de origen.
Los miembros de las pandillas forman un colectivo que no solamente suple necesidades afectivas, sino que también brinda autonomía respecto a la autoridad adulta; las pandillas funcionan como asociaciones de orden emotivo, es decir, participando en ellas los miembros obtienen satisfacción emocional. La afectividad juega un papel importante en la definición existencial como individuo, así como a nivel colectivo, haciéndolos parte de un grupo.
Organización y Jerarquía
El liderazgo y la influencia son tan difusos que los intentos de controlar las pandillas o maras por medio del procesamiento penal de sus líderes o su incapacitación, tan solo lleva a la aparición de otros.  Un aspecto importante dentro de la organización de las pandillas es la territorialidad.  El territorio y su apropiación por parte de agrupaciones pandilleras es un aspecto medular coincidente con los estudios de otras latitudes en cuanto a la consolidación de la identidad pandillera.  El grupo básico y más local de una pandilla o mara se denomina clica, la cual se organizar en el barrio o la colonia.  Varias clicas conforman una jega (espacio de coordinación de clicas, en particular cuando hay muchas en una zona) la cual a su vez pertenece a una pandilla (madre)
La imagen verticalista versus  el discurso de los pandilleros
Por una lado, tenemos la percepción de las maras y pandillas como grupos muy jerárquicamente organizados y con claras estructuras verticales de poder, con una dirección centralizada y fluidos canales de comunicación, cooperación y coordinación activa.  En el otro extremo, nos encontramos con el discurso y los relatos de los mismos miembros de las maras, quienes enfatizan el carácter horizontal de la organización y que rechazan la existencia de un capo o gran jefe.
Conclusión:
Esta es una estructura social, donde se entrelazan como una familia el cual es dirigido por líderes responsables de mantener el control.  En este tipo de estructura predomina la violencia y la lucha por el control de territorios, se asemeja con la vida animal donde el líder de la manada lucha a muerte por mantener su territorio.
Es importante resaltar como la sociedad margina a este grupo a pesar que sus integrantes están tratando de rehabilitarse aprendiendo oficios como la panadería, oficios domésticos etc.   También el nivel de conflicto que se da entre los integrantes de maras, unos por salir de la organización y otros que tratan de mantenerlos dentro de la organización.  Otro aspecto es observar en sus creencias religiosas manejadas e interpretadas según las creencias de sus grupos.  Los tabús que manejan las fuerzas de seguridad chocan con sus intenciones de rehabilitación.
Los lazos de amistad se fortalecen entre ellos, entre más los aísla la sociedad más se unen fusionándose de tal manera que se vuelven una familia.

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